lunes, 7 de abril de 2025

Mil soles encendidos

La Pasión me preguntó "¿Quieres terminar lo que falta?". Asentí, medio borracho, aún sorbiendo el vaso del pisco añejado con hielo que sostenía.
Respiré profundo y cerré los ojos. Las visiones de una piel de formas sensuales, dispararon las emociones. Tomé el lápiz y todo fluyó:

Mil soles encendidos
queman la curva de su piel.
Destellos que atrevidos, 
derriten su sombra en pincel. 

El escalofrío de un dios
despierta en su aliento fugaz.
Un roce divino y audaz
tensa su ser sin compás.

La ruta de una obsesión
se pierde en su cuerpo al andar.
Un mapa de dulce fricción,
un fuego que nunca va a parar. 

La Pasión leyó con atención y volvió a preguntar "¿Hay algo más allá de ésta pasión tan humana? ¿Tan predecible?".
Volví a tomar el lápiz, al tiempo que llenaba de nuevo el vaso. Y entendí. Puede ser el mismo principio, pero si los ojos apuntan al horizonte y no al camino que avanzas, entonces comprendes que hay más. Y volví a escribir:

Mil soles encendidos
arden en el cielo sin fin.
Brasas de un tiempo perdido,
luz que no tiene confín.

El escalofrío de un dios
recorre la piel del vacío.
Susurro de un eco feroz,
temblor de un pulso tardío.

La ruta de una obsesión
se dibuja en sombras y fuego.
Un paso, un grito, un fragor,
de anhelos que el silencio olvidó.

Al fin lo había completado. Podía seguir tranquilo. La botella casi vacía me invitaba a terminarla.

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