La Pasión me preguntó "¿Quieres terminar lo que falta?". Asentí, medio borracho, aún sorbiendo el vaso del pisco añejado con hielo que sostenía.
Respiré profundo y cerré los ojos. Las visiones de una piel de formas sensuales, dispararon las emociones. Tomé el lápiz y todo fluyó:
Mil soles encendidosqueman la curva de su piel.Destellos que atrevidos,derriten su sombra en pincel.El escalofrío de un diosdespierta en su aliento fugaz.Un roce divino y audaztensa su ser sin compás.La ruta de una obsesiónse pierde en su cuerpo al andar.Un mapa de dulce fricción,un fuego que nunca va a parar.
La Pasión leyó con atención y volvió a preguntar "¿Hay algo más allá de ésta pasión tan humana? ¿Tan predecible?".
Volví a tomar el lápiz, al tiempo que llenaba de nuevo el vaso. Y entendí. Puede ser el mismo principio, pero si los ojos apuntan al horizonte y no al camino que avanzas, entonces comprendes que hay más. Y volví a escribir:
Mil soles encendidosarden en el cielo sin fin.Brasas de un tiempo perdido,luz que no tiene confín.El escalofrío de un diosrecorre la piel del vacío.Susurro de un eco feroz,temblor de un pulso tardío.La ruta de una obsesiónse dibuja en sombras y fuego.Un paso, un grito, un fragor,de anhelos que el silencio olvidó.
Al fin lo había completado. Podía seguir tranquilo. La botella casi vacía me invitaba a terminarla.